El saxofonista sedujo con una propuesta colectiva en la que brilló el baterista Giunta
Los porteños íbamos a ver anteanoche un concierto de Wayne Shorter en el teatro Gran Rex, pero terminamos presenciando otro...
02
Publicidad via publica.
03
Es posible que para Wayne Shorter hablar sea una variedad más de la improvisación. Responde y propone otra idea, a la que se debe...
04
Video ->
Teatro Gran Rex, 9 de junio de 2011. Wayne Shorter, Danilo Pérez, John Patitucci y Oscar Giunta...
05
Una genuina improvisación
Cuando todo el público estaba ubicado en la sala, una voz en off anunció que la baterista Terri Lyne Carrington no sería parte del concierto. Por culpa del volcán, el avión que la traía a Buenos Aires había sido desviado a Santiago de Chile...
06
Si la categoría "novela río" fuera aplicable a la música, podría definir con bastante justeza el excelente concierto que Wayne Shorter brindó el jueves pasado en el Gran Rex. ...
07
Si hay un modo de comprender la propuesta que desarrolló Wayne Shorter junto a su cuarteto, frente a un público conmocionado que llenó el Gran Rex, sería el modelo de la intervención...
Si hay un modo de comprender la propuesta que desarrolló Wayne Shorter junto a su cuarteto, frente a un público conmocionado que llenó el Gran Rex, sería el modelo de la intervención... (Continuar Lectura)
Si la categoría “novela río” fuera aplicable a la música, podría definir con bastante justeza el excelente concierto que Wayne Shorter brindó el jueves pasado en el Gran Rex.... (Continuar Lectura)
Wayne Shorter
Por Ricardo Carpena (La Nación)
Los porteños íbamos a ver anteanoche un concierto de Wayne Shorter en el teatro Gran Rex, pero terminamos presenciando otro. ¿Mejor? ¿Peor? Nadie lo sabe. Sí que fue distinto al que se preveía y que, además, fue claramente inolvidable. La culpa de todo, casi como si fuera salido de una exagerada novela de ciencia ficción, la tuvo la ceniza volcánica.
Esto hay que explicarlo mejor: el legendario saxofonista iba a tocar en Buenos Aires con la baterista norteamericana Terri Lyne Carrington, pero los problemas que originó la nube de cenizas del volcán Puyehue hizo que el avión que traía a aquella artista desde Estados Unidos aterrizara en Santiago, Chile, y sin posibilidades de llegar a Ezeiza. Conclusión: eran las dos de la tarde del día del concierto y Shorter podría haber decidido suspender o cancelar la función, pero hizo lo que mejor le sale: improvisó y resolvió reemplazar a su baterista por un músico argentino, Oscar Giunta.
Y Giunta, uno de los mejores bateristas de la Argentina, ensayó apenas un par de horas antes del show con Shorter, Pérez y Patittucci, salió al ruedo con algo de timidez y terminó ganándose largas ovaciones del público, que casi compitieron con las que recibió la coestrella de Weather Report.
"Me bajé del 60 y ahora estoy acá", bromeó Giunta al agradecer en el escenario algunos de los tantos mensajes de aliento que recibió desde la platea. Es que parecía una misión imposible: sumarse con tan poca anticipación a un grupo liderado por una megaestrella de jazz y con dos de los principales músicos del momento, que se conocen de memoria porque tocan desde hace años, y no sólo no desentonar sino también poder aportar algo personal a una propuesta artística que no es nada convencional.
Shorter, que ya no hace standards de esos que sabemos todos, se convierte en una especie de generoso maestro de ceremonias que interviene de manera escueta, pero justa y virtuosa, y abre permanentemente el juego para que se luzcan los otros músicos, y, así, cada uno va dándole pinceladas de su propio color a un mural heterogéneo, multifacético, donde importa más el conjunto que las escasas intervenciones solistas.
Por eso Giunta, a fuerza de coraje y creatividad, y hasta con algunos toques como un malambo con el que comenzó uno de los bises o su arriesgada decisión de tocar los tambores con las manos, fue la inesperada revelación de la noche. Con Terri Lyne Carrington, una gran baterista, seguramente habría resultado otro concierto.
Pinceladas antes que solos
Shorter es partidario de no interpretar temas con principios y finales reconocibles, sino de montar largas suites donde manda la improvisación y los cambios permanentes. Y él mismo, que en el primer tramo del concierto parecía estar incómodo con la boquilla de su saxo tenor, se reserva el lugar de dar pinceladas antes que solos, muy a la manera de lo que hacía en Weather Report. E incluso se mostró más cómodo y sólido cuando sopló y exprimió su saxo soprano, una de sus especialidades, al que le sacó un sonido pocas veces escuchado en estas pampas.
Para una propuesta de estas características en mucho lo apuntala un pianista desbordante como Pérez, dinámico, a veces en demasía y por momentos peleado con los matices, pero cuya veta latina, indisimulable, le quita cierto costado cerebral que trae aparejado este audaz fresco musical que diseña el cuarteto, en vivo y sin red. Patittuci es una muralla que enhebra ritmos y forma con el pianista una sociedad llena de luminosas complicidades, y a las que Giunta (que terminó lagrimeando de emoción) muchas veces logró sumarse.
A los que dicen que el jazz está muerto, Shorter, a los 77 años, brindó una lección: cómo se puede dar nueva vida al género sin mirar hacia atrás y con las ideas intactas.
Una genuina improvisación
Por Mauro Apicella (La Nación)
Cuando todo el público estaba ubicado en la sala, una voz en off anunció que la baterista Terri Lyne Carrington no sería parte del concierto. Por culpa del volcán, el avión que la traía a Buenos Aires había sido desviado a Santiago de Chile. El saxofonista Wayne Shorter, protagonista de la noche, estaba a punto de pisar el escenario con sus socios Danilo Pérez (pianista) y John Patitucci (contrabajista) y con el baterista que consiguieron para el reemplazo, que seguramente estaría ansioso por escuchar la respuesta del público cuando pronunciaran su nombre. "Oscar Giunta", dijo la voz, y como el Gran Rex estaba colmado de conocedores del jazz local, se oyó un estruendoso aplauso.
Lo que pasó esa noche seguramente pasará a formar parte de los recuerdos que Giunta lleva marcados a fuego. Recuerdos como aquel de cuando un baterista que tocaba con su padre le regaló los primeros palillos que usó; o de cuando tenía 7 años y su mamá, la actriz y cantante Liliana Parafioriti, lo llevó a Canal 11 para participar en un concurso que intentaba formar una orquesta infantil en un programa de Sergio Velasco Ferrero. Oscar creció en una familia musical (su padre, también llamado Oscar, es un reconocido contrabajista).
El aplauso inicial del Gran Rex pudo ser una buena bienvenida, pero no garantía de un buen concierto. La excelente actuación de Giunta -agregado al combo a último momento- fue causa de muchos otros factores que exceden el aplauso: talento, muchísimos años como profesional, a pesar de sus 35 años; amplio conocimiento del trabajo de Shorter, gran empatía con Danilo Pérez y lúcida sintonía para el ensamble que construyó con Patitucci. Giunta desplegó su estilo con el más fino criterio. Buen acompañamiento, precisas intervenciones, exquisita paleta tímbrica y originales ideas para aportar a ese combo que había quedado rengo.
"Hoy me levanté con una sensación extraña. Cansado como si hubiera jugado 15 partidos de fútbol seguidos. Fue una experiencia superfeliz, de mucha adrenalina", contó al día siguiente, antes de describir todo lo que sucedió en pocas horas. Porque todo resultó bastante vertiginoso. Un día antes del concierto, Giunta asistió a una clínica que dictaron Pérez y Patitucci en la EMBA, escuela de música donde Oscar también suele dar clínicas, al menos una vez al año. Ahí, Danilo lo invitó a tocar. Se conocen desde hace 14 años, cuando compartieron un concierto en Uruguay, y se mantuvieron en contacto desde entonces.
"Ya con eso yo estaba feliz", contó el baterista. Pero al día siguiente (el mismo día del concierto de Shorter) los productores del show lo llamaron para pedirle que reemplazara a Carrington. El jueves a la tarde conversó con Patitucci para interiorizarse sobre las pautas de trabajo; luego llegó Danilo; media hora antes del show apareció Shorter, y cerca de las 10 de la noche los cuatro salieron a la cancha. No es la primera vez que Giunta trabaja con figuras de gran reconocimiento internacional. Tocó en el Colón con Paquito D'Rivera; en el Luna Park, con una orquesta de Lalo Schiffrin; en el San Martín, con Herbie Hancock, y viajó muchas veces para dar workshops y actuar en el exterior. Dentro de la escena local, se destacó con trabajos como los que realizó con el muy original Quinteto Urbano. Actualmente, está concentrado en un proyecto solista que presentó en 2010 y que tomará forma de CD durante este año. Tendremos que estar atentos.
La charla es telefónica, una modalidad que ya resulta habitual para poder tener un contacto con las figuras que vienen al país para quedarse –en algunos casos– apenas uno o dos días. Wayne Shorter, a diferencia de muchos otros, hace todo lo posible por brindar respuestas cálidas, elaboradas y con poca apariencia de memorizadas para los reportajes de este tipo.
Al referirse, por ejemplo, a la reciente reedición aniversario del célebre álbum Speak no Evil, que grabó junto a Miles Davis en 1964, el músico de 77 años dijo a Tiempo Argentino: “Nunca voy a estar satisfecho con un disco de una manera arrogante. No creo en los comienzos ni los finales. Ese es un álbum que ya está terminado y me parece bien, pero creo que la vida continúa y crece. También creo en la eternidad, porque la vida es eterna y nosotros somos los que hacemos que las cosas sucedan. La tragedia y la muerte son temporarias.”
–¿Cuál es el desafío que siente actualmente ante cada show?
–¡Nos gusta hacer música! Para nosotros, el desafío el celebrar la vida y eso en que la gente no cree: la eternidad. Hay que celebrar la eternidad a pesar de las incertidumbres, la economía, las guerras y la esclavitud de niños.
–El amor por el jazz también desafía a la industria musical.
–Hacemos música que desafía al mundo empresarial para que piense creativamente por primera vez en su historia. Porque deberían crear algo que el dinero no puede comprar, como la felicidad. Es realmente todo un desafío crear productos que proporcionan ventajas humanitarias, como el automóvil. Los seres humanos tenemos mucha imaginación y habilidad creativa que se utilizó para que muy pocos se beneficien financieramente. ¡Nosotros vamos a intentar hacer lo imposible! Mucha gente intentó hacer un mundo mejor desde su profesión, pero no han tenido promoción, aunque han impactado el mundo de maneras que sorprenden a cada nueva generación.
–Ustedes, precisamente.
–Sí. En los años sesenta pensamos que el jazz sería atacado y se extinguiría como un cigarrillo. Empujaron al jazz y a los clásicos al fondo de todo pero cada generación nueva vuelve a acudir a las salas de conciertos. Este cuarteto lleva diez años de gira, y entre el público cada vez hay más gente joven. Así que te resumo: nuestra música intenta poner énfasis en los aspectos nobles de la vida y de los seres humanos.
–¿Es optimista sobre el futuro?
–Muy optimista, porque existen informes científicos que enumeran unos mil planetas en nuestra galaxia, donde muchos son similares al nuestro. Los próximos años van a ser muy excitantes, porque van a llegar nuestros hermanos de otros planetas.
...